Siempre creí que existían los finales felices, los amores eternos, los príncipes azules y todas esas fantasías con las que crece una chica. El despertar es duro, la realidad es cruda y cruel, pero el sinsabor que deja el comprobar lo que se sabe, es valiente y tonto a la vez, es querer descubrir algo con la esperanza de estar equivocado. Es ver y querer ser ciego, es... es jugar a las escondidas sabiendo de antemano dónde queda el escondite.
Uf, me siento tan estúpida ahora, más que de costumbre. Hace mucho dejé de creer en el príncipe azul, pero esa constante crítica burlona sobre mi afición (y aflicción) por hallar al “hombre perfecto”; “tú quieres un hombre sin defectos”, me repiten con frecuencia y no, sólo quiero un hombre que quiera estar conmigo, que me ame y me respete, y si eso es mucho pedir, temo decir y reconocer que sí, soy exigente.
“Te amo”, tanto lo he escuchado, tan falso, tan vacío, y siento impotencia, por lo devaluada que está la palabra, por lo ligero que es ya ese sentimiento, un “te amo” es ahora un “te aprecio”, “me caes bien”, ni siquiera llega ya al “me importas”.
La historia comienza así:
“Te amo”, “eres lo mejor que me ha pasado en la vida”, “quiero estar contigo”, lo leí tantas veces, lo escuche alguna vez de sus labios, y no lo creí. Tenía razones de sobra para no hacerlo. Esa vocecita que suele taladrar el seso advirtiendo que algo no está bien, no me dejaba en paz y no hallaba la forma de constatar la falsedad de esas palabras y al fin la encontré.
La trampa era infalible y... sabía que caería en ella, lo conozco tanto que a veces lo desconozco, lo dudé, él nunca sabrá qué pasó, ni siquiera conocerá el motivo de mi alejamiento en silencio, como sé hacer las cosas cuando terminan en definitiva.
Sí, lo atrapé y no lo notó, me negó, negó mi existencia en su vida y la de su hijo, se inventó al igual que yo todo un personaje, con lo que me demostró que es un maestro en el arte del engaño, pero no es listo, no más que yo y no es que él no tenga malicia, simplemente no es mejor que yo. Descubrí más de lo que quería saber, pero ese era un riesgo que debía tomar, ¿decepcionada?, no, ya lo estaba desde hace tiempo atrás, sólo quería dejar de sentir culpa y de sentirme vulnerable ante sus chantajes emocionales cuando me habla de su hijo, y de lo mala que soy por quererlo alejar de él y negarle el “cariño de un padre”, un padre que niega que tiene un hijo, que lo oculta, que mantiene en secreto cuando a mí me dice que lo extraña, que lo quiere y quiere estar cerca. Lo que él no sabía y descubrirá pronto... es que yo podía soportar cualquier cosa, cualquier ataque, cualquier ofensa, cualquier cosa dirigida a mí, pero a mi descendencia no me la toquen, la defenderé a capa y espada de daños futuros y traumas emocionales. Dinero no necesito, apoyo moral no lo tengo por su parte, su cariño mucho menos y se lo dije claramente en repetidas ocasiones, no lo necesito y su hijo tampoco.
No puedo negar que me llegué a sentir culpable por no quererme conformar con “su amor”, pero eso se terminó, no siento desprecio, ni coraje, me siento estúpida por tropezar con la misma piedra, por darle más oportunidades de las que merecía para demostrar todo lo que dijo pero... le quedó grande el paquete y sinceramente yo merezco más en la vida, más que un patán que dice que no ha encontrado a la mujer de su vida cuando a mí me dice lo contrario, y un sin fin de cosas que dice, que dijo y que dirá y que... yo ya no estaré para saberlas, ni para dudarlas. El nunca sabrá que yo iba a “sacrificarme”, a “conformarme” con él sabiendo que yo no estaba completamente convencida de hacerlo, esos chantajes sobre que lo ilusioné para nada, por que al final me quedaré con mi hijo y él no aparecerá en escena ni lo dejaré participar en nuestras vidas, por los que me sentí egoísta, se terminaron. Me fui lejos, y me iría al fin del mundo si fuera necesario para que su sombra no caiga sobre mi pequeño, me sentí tan culpable por ponerle los nombres que me dieron la gana y preferí complacer a mi madre que a él, no le puse su apellido, por que él es sólo mío, yo sola lo sufrí, lo lloré, lo esperé, lo cuidé dentro de mí. Le hablaba todas las noches y lo tocaba cuando estaba en mi vientre, compartió mis angustias, mi soledad, fue mi único cómplice, por que nadie más sabía mi secreto, nadie que me rodeara se percató de su existencia y no por que me avergonzara, sino por que era el peor momento para una noticia como esta y salí adelante, triunfamos, él se aferró a vivir y nacer y yo me aferré a terminar mis proyectos para poder recibirle como se merecía y contar con un futuro mejor para todos. Quiero lo mejor para mis hijos, quiero lo mejor para mí, y lo mejor para mí no era él, pero quería estar segura de que así era para poder dar el paso más importante de la vida de mi retoño, sacarlo de nuestras vidas antes de que entre, antes de que le haga daño y antes de que pueda extrañarlo, eso haré y lo haré sin mirar atrás, sin reproches, sin dolor, por que él simplemente no nos merece, no nos valora, no nos quiere y en definitiva no le debemos nada. Terminaré esta noche este texto sintiéndome estúpidamente valiente, por que el algoritmo se cumplirá, si él me demostraba que yo estaba equivocada, renunciaría a mi libertad, a mi oportunidad de encontrar al hombre de mi vida, a la pareja que espero, al compañero que quiero junto a mí, mis sueños se congelarían para siempre, si ocurría lo contrario, yo me alejaría de él desapareciendo abruptamente de su vida y sin aclarar nada, sin dar razones ni explicaciones a las cuales no ha sido acreedor y le quitaría la oportunidad de ser el padre que no ha sido ni será, al menos no con mi pequeño y encontrarme es querer encontrar una aguja en un pajar y además.... dudo que quiera eso, de lo contrario, ya lo habría hecho aún así, heriré su orgullo de hombre, y seré la peor mujer sobre la tierra (otra vez), seré la maldita que le rompió sus ilusiones, que le quitó a su hijo y que lo usó como semental para ser madre (jajaja, de lo más estúpido que me ha dicho y me ha causado gracia más que sentimiento de culpa). Fin de la historia, adiós querido “pollo”, me queda la tremenda duda de por qué perdimos tantos años juntos si no era lo que buscabas, si no llenaba tus expectativas, por que al menos yo sé por qué me quedé a tu lado, fuiste un reto a mi tolerancia, a mi paciencia, quise enmendar en tí errores del pasado, de mi relación pasada, quise ser la pareja que no fui para otro, ¿pero tú?, ¿qué te retenía conmigo?, no lo sé, nunca lo sabré, pero tampoco es algo que me mortificará por simpre. Aur revoir. By BlackWings.
